Los países desarrollados, hace ya unos años, incorporaron una mirada de la Sustentabilidad en sus distintas industrias que incluye lo ambiental, lo social y lo económico.
Las empresas son vistas como agentes de desarrollo, no sólo haciéndose cargo de sus impactos, sino aportando en los entornos donde operan. Y esta realidad llegó también a la industria del vino. Así lo visualizó, a partir de 2009, Vinos de Chile que comenzó con el desarrollo de un instrumento de certificación voluntario para que las distintas viñas de Chile estandarizaran una gestión de la Sustentabilidad. “La industria del vino fue bastante visionaria, pues se comenzó a pensar en un código de sustentabilidad que incluyera lo ambiental, lo económico y lo social.
Un código no sólo con lo verde, sino con una visión integral”, cuenta Claudia Carbonell, gerente general del I+D Consorcio, entidad de Vinos de Chile que vela por el cumplimiento del Código Nacional de Sustentabilidad de la Industria Vitivinícola Chilena.
El primer paso fue plantear esta visión a largo plazo a las viñas: “Había que hacer cultura y hacer un cambio en la mirada. La ventaja que tiene el sector del vino, versus otros, es que está muy expuesto porque llegan con la botella directo al consumidor. Este sabe de dónde viene, lo identifica y sus atributos están en la mesa. Por eso la estrategia está pensada para el sector en su conjunto, ya que detrás del código está posicionar a Chile, más allá que las marcas saquen sus ventajas e incorporen al marketing en la certificación”, comenta Claudia Carbonell que está a cargo del proyecto hace ya dos años.
Detrás de esta iniciativa, no sólo está hacer una mejor gestión, sino avanzar en la estrategia de posicionamiento 2020 que se ha planteado la industria del vino: VINO CHILENO = SUSTENTABLE, PREMIUM Y DIVERSO.
CRECIENDO COMO INSTITUCIONALIDAD
Para consolidar esta iniciativa el camino no ha sido fácil. Recién en 2011 comenzó el primer proceso de certificación donde sólo se trabajó con 11 viñas en el área verde (viñedos). En 2012 se avanzó fuertemente en la institucionalidad del Código: se formó un Comité de Normas, equipo de expertos que verifican cada una de las iniciativas, se externalizó la certificación a través de empresas auditoras de reputación internacional y se amplió la certificación a las áreas roja (bodegas y embotellado) y naranja (social).
Para Claudia Carbonell la decisión de que Vinos de Chile externalizara la certificación “le entrega más transparencia al proceso… lo bueno es que otras empresas auditoras nos están pidiendo ser parte del staff de certificadores autorizados.
Esto es una buena señal de que el instrumento es serio y que está siendo valorado por las viñas y la industria”.
Se determinó que la certificación tiene una duración de dos años ya que la mejora continua es inherente a la Sustentabilidad, por lo tanto, este instrumento está concebido para irse adecuando a los escenarios que enfrente la industria. Así lo explica Claudia Carbonell: “Es un estándar que tiene una visión estratégica cualitativa, no estamos certificando productos, estamos certificando procesos. Certificamos la gestión, por eso es muy importante que a nivel de gerencia la sustentabilidad debe estar internalizada en la cultura de la viña. Que no contaminas, que en lo social estás preocupado de tus trabajadores y proveedores, que estás atento a tu cadena de valor, que estás coordinado con tus comunidades y que no te ven como una amenaza”.

